He estado pensando últimamente sobre qué significa para mí una vida suave y cómo puedo compartirlo mejor contigo.
¿Qué sientes tú cuando ves la palabra “suave”?
Para algunas personas «Suave» suena a pasividad, a algo imposible o idealizado. Y si vives en los viejos sistemas del esfuerzo y el ajetreo, puede parecer también que se trata de evitar responsabilidades, de debilidad o falta de ambición.
Pero no tiene nada que ver con eso.
Tampoco es una etiqueta de Pinterest para un lifestyle bonito de moda.
🌿Te invito a aprovechar este post para dejar de lado la rapidez, el ajetreo y la inmediatez un momento. Y disfrutar de bajar el ritmo con tu lectura lenta. Tal vez poner algo de música ambiente, preparar un té o encender una vela.🌿
El viejo mundo
Durante toda mi vida he sentido que mis células recuerdan un mundo en el que se vivía diferente.
Un lugar donde ser y contribuir era algo natural y no nacía de la urgencia, la prisa o la competición o de forzar ni servir a ciertas estructuras.
A medida que me adentraba en la cultura del ajetreo y la vida rápida, esta forma de vida más lenta y orgánica se volvía cada vez más evidente para mí.
Quería vivir más cerca de la naturaleza. Sin agendas rígidas, listas interminables de tareas ni demostraciones del ego. Con espacio para responder a la vida según fuera necesario, estar presente, disfrutar de lo sencillo y cuidar de los demás sin agotarme en el intento.
Durante gran parte de nuestras vidas hemos aprendido, casi siempre de forma inconsciente, que la única manera de cambiar, avanzar o construir una vida valiosa es esforzándonos más, empujando, persiguiendo objetivos y tratando constantemente de mejorarnos, muchas veces a costa de nuestra libertad y de nuestro corazón.
Siento, de verdad, que nunca hemos estado destinadas a vivir así.
Y si estás aquí, quizá también sientas algo parecido.
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Me siento un poco conmovida al escribir este post sabiendo que hace mucho que vivo en un mundo distinto y que puedo compartirlo con otras personas.
Qué es una vida suave
Para mí, la vida suave no es una moda ni un estilo de vida. Es la experiencia de vivir desde un estado de consciencia diferente.
La suavidad se trata de vivir con suficiente calma para que las capas de programación, condicionamiento, tensión y exigencia que hemos aprendido comiencen poco a poco a disolverse.
Es dejar de luchar y volver a un ritmo receptivo, alegre y abundante que nos resulta natural, en lugar de intentar mantenernos al día con expectativas que nunca fueron nuestras. Podemos trabajar poniendo nuestros dones al servicio de los demás, en lugar de dejarnos guiar por nuestro propio ego.
La vida suave es encontrar un equilibrio más armonioso entre lo femenino y lo masculino,
entre la acción y el descanso, entre el hacer y el ser, entre consciencia y energía.
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Cuando vivo suavemente, soy consciente de lo que sucede dentro y alrededor de mí. Tengo espacio para contemplar, crear, escuchar y responder en lugar de reaccionar.
También es aprender a comprender nuestra energía y cuidarla. Elegir conscientemente a qué, a quién y para qué la entregamos, en lugar de dispersarla en todo aquello que reclama nuestra atención.
En el fondo, es recordar que no estamos separadas de la naturaleza, ni de la vida, ni de los demás seres que comparten este mundo con nosotras. Es dejar de esforzarnos por convertirnos en el personaje que creemos que deberíamos ser y simplemente ser, en esencia.
Se trata de descansar en la naturalidad del corazón.
Momentos de suavidad
Tal vez la vida suave sea una de esas cosas que se comprenden mejor cuando se viven que cuando se describen. Por eso la comparto a través de las ciencias del yoga y este blog, momento a momento.
Y sé que cada una de nosotras según su experiencia de vida puede describir la suavidad, de forma diferente.
Para mí la suavidad:
Se siente como…
Un suéter mullido.
El sol en la piel.
Caminar descalza.
Las manos de mi madre.
Sábanas limpias de algodón.
Tocar la tierra.
Sabe a…
La sopa casera de mi padre.
Café recién molido.
Agua de manantial.
Una ensalada de huerto.
Higos y moras recién recolectados.
Comida compartida al aire libre.
Suena como…
El canto del gallo por la mañana.
El ronroneo de un gatito.
El susurro del viento en los árboles.
Los pasos de mi pareja cuando vuelve a casa.
Risas compartidas.
Silencio.
Se ve como…
Un atardecer dorado.
Flores creciendo en lugares inesperados.
El pelo despeinado.
Un cielo nocturno lleno de estrellas.
Una sonrisa sincera.
Niebla entre los árboles.
Huele a…
Las personas que quiero cuando las abrazo.
Flores de jazmín una tarde de verano.
La salitre del mar.
Pan recién horneado.
Hojas de higuera.
Ropa secándose al sol.
Se parece a…
Cultivar mis hierbas.
Comprar menos y reutilizar más.
Simplificar el trabajo para liberar tiempo.
Apagar el teléfono.
Crear sin mirar el reloj.
Caminar sin prisa.
Se vive como…
Abrazar mi energía femenina.
Seguir el ritmo de las estaciones.
Hacer desde el corazón.
Caminar alineada con el alma.
Encontrar belleza en lo más sencillo.
Sentir la interconexión con todos los seres.
Un respiro final
La vida suave que comparto no nace de un libro, un gurú o una tendencia, sino de lo que voy experimentando y encarnando en mi propio camino.
Y espero de verdad que tú también, dondequiera que estés, puedas cultivar un mundo amable.
Siento que la vida no está diseñada para ser una lucha y un drenaje constante y que existe una inteligencia natural que surge cuando vivimos desde la naturaleza y el corazón.
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¿Cómo se siente, sabe, suena, huele y parece la vida suave para ti? Te invito a crear tus propias listas y descubrir qué surge de ellas. Tal vez este sea un bonito comienzo para abrazar la suavidad. Y, si te apetece, te espero el próximo jueves en Una Taza de Calma. Un abrazo.