Hay un mundo en el que resulta más fácil tener tres empleos o hacer cuatro cosas a la vez que bajar el ritmo
¿Cuántas veces nuestra cultura nos ha dicho, de una u otra forma, que al estudiar, trabajar o hacer cualquier cosa debíamos hacerlo con dureza?
«Trabaja duro.» «Esfuérzate.» «Hay que sacrificarse para lograrlo.»
Prefiero estudiar con alegría.
Trabajar con amor.
Y tener una energía estable.
🌿Te invito a aprovechar este post para dejar de lado el ruido, el ajetreo y la inmediatez un momento. Y disfrutar de bajar el ritmo con tu lectura lenta.
Tal vez poner algo de música ambiente, preparar un café o encender una vela.🌿
La cultura del logro
He sentido tantas veces que la cultura del logro no la encontramos solo en la educación o en el trabajo.
También la vemos en el emprendimiento, la salud, el bienestar, la sanación, el arte, el deporte, la espiritualidad, la religión, el yoga, la maternidad…
Un sistema que ha puesto el foco casi exclusivamente en las cualidades de la energía masculina. Nos empuja constantemente a hacer, conseguir y demostrar. A movernos hacia el siguiente objetivo y a buscar reconocimiento en el exterior.
Cuando hablo de energía masculina y energía femenina no me refiero al sexo ni al género.
Me refiero, desde el yoga, a dos cualidades de la consciencia.
- La energía masculina nos ayuda a hacer, actuar, avanzar, construir y materializar.
- La energía femenina nos permite ser, crear, recibir, nutrir, cuidar y sentir la vida.
Siento que si nuestra mente está polarizada, parece que una es mejor que la otra. Pero la naturaleza no funciona así. Ambas son necesarias. Pero en nuestra cultura
Se ha aprendido a valorar mucho más las cualidades asociadas a la acción y al logro externo que las relacionadas con lo sutil, la quietud y la receptividad.
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Hemos dedicado siglos a desarrollar la capacidad de producir, mientras olvidábamos cómo descansar, contemplar, cuidar nuestra energía o simplemente ser.
Una vida guiada por lo femenino
Cuando pienso en los espacios donde ofrezco un respiro del ruido, las prisas y el agotamiento, sé que los he creado porque es exactamente lo que mi propio corazón pedía hace años.
Un respiro de una forma de vivir y de lograr las cosas que nunca tuvo sentido para mi alma femenina.
Anhelaba un mundo más suave. Uno que honrara la creación, la naturaleza, la intuición, lo receptivo, la sensibilidad, la quietud, el descanso, el corazón y la belleza de lo más simple. Que cuidara lo interno, no como un medio para alcanzar algo externo, sino porque siento que la vida interior ya es valiosa por sí misma.
Si nos detenemos a observar la naturaleza, podemos darnos cuenta de que lo femenino guía a lo masculino.
¡Y eso no significa que lo femenino sea más importante! Solo que uno va antes que el otro.
La semilla permanece en silencio bajo la tierra antes de crecer y dar fruto.
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Eso significa también que el corazón va antes que la acción. Sin embargo, en nuestras sociedades parece que funciona al revés.
- Nos esforzamos por estudiar para conseguir un título y entonces sentirnos alegres.
- Nos esforzamos por trabajar para tener dinero o una posición y entonces sentirnos realizadas.
- Nos esforzamos por entrenar para alcanzar un determinado cuerpo y entonces sentirnos atractivas.
Incluso nos esforzamos por sanar, mejorar o arreglar nuestro interior. Vivimos esperando un resultado externo. Para después sentir alegría, satisfacción o plenitud, cuando el camino podría ser justo el contrario:
Primero ser. Cultivar el corazón. Sentirnos alegres. Y desde ahí, dejar que los frutos lleguen.
Un día fuera de la cultura del esfuerzo
Esta semana haz algo únicamente porque te hace sentir viva y no para lograr nada.
- Regálate un día completamente improductivo.
- Duerme una siesta.
- Date un baño en el mar.
- Túmbate sobre la hierba sin mirar el reloj.
- Toma un té sin móvil.
- Juega con tus hijos, con tu perro o tu gato.
- Camina sin rumbo.
En el fondo estamos enseñando de nuevo a nuestra mente que no todo necesita ser útil para tener valor.
Eso es también lo que hace la sadhana y crear un espacio sagrado donde simplemente puedas ser y volver a dar valor a tu esencia femenina.
Un respiro final
Siento que podemos crear un mundo donde no tengamos que trabajar duro.
Si podemos hacerlo, mejor hacerlo con alegría.
Si el trabajo o cualquier otra actividad nos hace infelices, ¿de qué sirve para nosotras o para quienes nos rodean? La energía con la que vivimos siempre se expande. Podemos contagiar prisa, agotamiento y dureza. O podemos contagiar amor, calma y alegría.
Si vamos a esparcir desgracia en el mundo, es mejor parar un momento, liberar la mente y conectar con el corazón.
Si vamos a esparcir alegría, vamos a hacer todo lo que podamos.
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Espero que estés bien. Hoy solo quería compartir esta pequeña reflexión contigo. Te mando un abrazo donde estés.