Soltando la cultura del esfuerzo

Aprendimos a esforzarnos, aunque nada en la naturaleza florece así

¿Cuántas veces hemos escuchado que para conseguir algo tenemos que esforzarnos?

«Trabaja duro.»
«Esfuérzate.»
«Hay que sacrificarse para lograrlo.»

Pocas veces se escucha “hazlo con alegría” o “trabaja con amor”.

🌿Te invito a aprovechar este post para dejar de lado el ruido, el ajetreo y la inmediatez un momento. Y disfrutar de bajar el ritmo con tu lectura lenta.
Tal vez poner algo de música ambiente, preparar un café o encender una vela.🌿

La cultura del esfuerzo

La cultura del esfuerzo no está solo en la educación o en el trabajo. También se ha colado en la salud, el bienestar, el arte, el deporte, la espiritualidad, el yoga, la maternidad…

Hemos aprendido a valorar mucho el hacer, conseguir, avanzar y demostrar. Y bastante menos el descansar, recibir, crear, contemplar o simplemente ser.

Desde el yoga, podemos reconocer aquí dos cualidades que existen en todas nosotras:

  • La energía masculina nos ayuda a hacer, actuar, avanzar, construir y materializar.
  • La energía femenina nos permite ser, crear, recibir, nutrir, cuidar y sentir la vida.

No se trata de que una sea mejor que la otra. Necesitamos ambas.

Pero nuestra forma de vida ha dado mucho más espacio a la acción, lo práctico y el logro externo, dejando un poquito atrás lo sutil, lo bello, la quietud y la receptividad.

Hemos dedicado siglos a desarrollar la capacidad de producir, mientras olvidábamos cómo descansar, contemplar, cuidar nuestra energía o simplemente ser.
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Una vida guiada por lo femenino

Muchos de los espacios que he creado para desacelerar y cultivar una vida suave nacieron de algo que yo también necesitaba.

Quería vivir en un mundo que honrara la creación, la naturaleza, la intuición, lo receptivo, la sensibilidad, la quietud, el descanso, el corazón y la belleza de las cosas simples.

Una vida donde la naturaleza y nuestro mundo interior no fueran otro medio para conseguir algo, sino algo valioso por sí mismo.

Siento que hemos olvidado un poquito ese valor de lo femenino. Hacemos cosas esperando que al conseguirlas nos sintamos valiosas, realizadas o felices, en lugar de cultivar primero dentro aquello que queremos llevar a nuestra vida.

Tal vez entonces los frutos puedan llegar de una forma mucho más natural.

Un momento fuera de la cultura del esfuerzo

Hoy te propongo probar algo pequeño: hacer una de tus tareas cotidianas desde un lugar diferente.

Puede ser limpiar algo, hacer la compra, entrenar, acabar un proyecto, estudiar, regar tus plantas o simplemente enviar un email.

  • 🌿1 | Busca una hoja, una ramita o una flor que haya caído al suelo.
  • 🌿2 | Elige una sola tarea sencilla.
  • 🌿3 | Antes de comenzar, observa desde dónde vas a hacerla. ¿Desde la tensión, las prisas y el «tengo que»? ¿O desde la calma, la alegría y el cariño?
  • 🌿4 | Ponle una buena intención. Deja a la vista esa pequeña parte de la naturaleza y hazlo un poquito más lento y con más cariño de lo habitual. Será un pequeño recordatorio de tu intención.

La tarea es la misma que en otras ocasiones, pero tu estás en otro mundo más suave.
En un estado de consciencia diferente.

Un respiro final

Siento que podemos crear un mundo donde no tengamos que trabajar desde la dureza y sentirnos agotadas.

Si podemos trabajar o hacer cualquier cosa, mejor hacerlo con alegría.

Porque somos energía y la energía con la que vivimos se expande al resto. Si sentimos que estamos llevando más pesar al mundo, quizá sea mejor parar un momento, liberar la mente y conectar con el corazón.

Y si vamos a esparcir alegría, hagamos todo lo que podamos.

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Hoy solo quería compartir esta pequeña reflexión contigo. Te mando un abrazo y un poquito de buena energía donde estés. Nos leemos la próxima semana. Gracias por estar aquí.

Debi.




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