Soy de esas personas que se maravillan con las pequeñas cosas
Un atardecer, una tarde de lluvia, un animal que me encuentro en la montaña. Esas alegrías pequeñas que se sienten inmensas.
Y tener una vela cerca es para mí una de esas pequeñas alegrías en las estaciones oscuras.
🌿Te invito a aprovechar este post para dejar de lado el ruido, el ajetreo y la inmediatez un momento. Y disfrutar de bajar el ritmo con tu lectura lenta.
Tal vez poner algo de música ambiente, preparar un café o encender una vela.🌿

Cuando vuelven las velas
Esta mañana encendí una vela antes de empezar a escribir. Han llegado los primeros vientos frescos, y con ellos la promesa de un ambiente acogedor.
Echaba de menos ese pequeño gesto.
Durante el verano, guardo las velas y todo lo relacionado con ellas y no vuelvo a sacarlas hasta que el aire cambia, llegan las primeras lluvias y comienzan a oscurecer las mañanas.
Hace unos años también comencé a preparar mis propias velas naturales. Es algo que disfruto mucho. Me gusta crearlas con cariño, hacerles un regalo de otoño a las bonitas personas que me rodean y encenderlas en cualquier ocasión.
El sencillo gesto reconfortante de encender una vela
- Una pequeña vela transforma mi espacio de trabajo. Cambia el comenzar el día con prisa por un ambiente más lento, que invita a hacer las cosas con intención y un poco más despacio.
- Encender una vela mientras comparto un té o un café y unas galletas recién horneadas hace que hasta la bandejita donde sirvo todo se sienta más acogedora.
- Después de pasar un rato frente a las pantallas, si ya es de noche, me gusta cambiar la luz fría por la luz cálida y natural de una vela y dejar que los ojos descansen.
- También me gusta encender una vela y apagar el resto de luces cuando quiero darme una ducha lenta y caliente después de llegar de la montaña empapada por la lluvia durante el invierno.
- Me gusta encenderlas para acompañar una comida compartida y hacer que ese rato juntos se sienta más pausado y especial.
- Enciendo una en la mesita del pequeño jardín mientras riego, tomo una infusión y observo cómo llega la niebla.
- Mientras comparto guía, yoga o meditación, enciendo algunas velas para que que el ambiente nos invite a un momento cálido y hogareño.
- Y especialmente me gusta encenderlas al final de las tardes más cortas, cuando el sol se oculta y ya se han perdido el dorado de sus últimos rayos.
- Una velita me acompaña iluminando la cocina mientras preparo algo lentamente en el horno, y el aroma se extiende por la casa.
- También, cuando alguien en casa se siente cansado o resfriado, me gusta encender una vela o una pequeña lámpara de aceite y dejar que su luz acompañe el descanso.
- A veces también enciendo una vela para enviar paz a quien lo necesite. De alguna manera, se siente como encender luz, amor y esperanza para otros.
- Y suele haber una velita durante cualquier día gris.
Muchas veces no se trata ni siquiera de iluminación. La luz de la vela es tenue y humilde, pero lo que se enciende es algo en nuestro interior, un calorcito que llega al alma y se siente como buena compañía.
Un respiro final
La casa más sencilla se llena de belleza y cariño solo con la luz acogedora de una vela. He visto cómo muchas personas las usan como un elemento decorativo, pero nunca las encienden.
Si tú también tienes tus velas sin encender o las tenías guardadas como yo durante el verano, solo quería invitarte a disfrutar de ellas si quizás ha llegado el momento.
Tal vez acompañarla al preparar un té, escribir o pintar en un cuaderno o simplemente sentarte en silencio en tu espacio sagrado disfrutando de su luz.
Puedes observar cómo cambia tu estado de ánimo. Cómo tu hogar se vuelve un lugar que reconforta el corazón. Cómo la rapidez, el ruido o el caos del ajetreo diario se transforman y vuelves a la realidad.
El alma se nutre con un gesto tan sencillo.
· · ─────── ·𖥸· ─────── · ·
¿Tienes un buen recuerdo o momento alrededor de una vela? Te mando un abrazo donde estés y nos leemos la próxima semana. Gracias por estar aquí.
Debi.
